
Y sí. Casi lo intuía en tu mirada perdida: era uno de esos días. En miras sin mirar, y ríes sin reír. Y oyes sin escuchar ( a veces luego preguntas, "¿cómo, cariño? perdona, no te estaba escuchando... Y después ríes... ). ¿Sabes, esos días...?
Con el pelo y las mañanas mojadas, cansada de chocar contra tu muro, inventándote de vez en cuando que no existe, que sale el sol y entra la luz y se abren las ventanas.
Pero te oprimen demasiadas evidencias...
No son nubes, que no hay cielo.
No son días grises: no hay colores.
Son correas amarrando tus muñecas, cada vez más esquivas.
Son alfileres tatuando una cárcel en tu piel...
Tú, que siempre quisiste ser tan libre.